Todo empezó el 5 de Septiembre de 2015. Sin saberlo, me subí en un tren de alta velocidad sin paradas. El destino, la felicidad. El camino, de todo menos recto. Billete sólo de ida. Cinco años después, volvería a coger el mismo tren. Pero seamos sinceros, hay momentos en los que me hubiese bajado… Los viajes, no son fáciles cuando el destino es tan grande.